Comparación de metodologías para la estimación de riesgos de movimientos de masas

Comparación de metodologías para la estimación de riesgos de movimientos de masas

(Artículo publicado en la Revista Obras Urbanas número 71)
Roberto Luis. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, D. Sc. Director Tecnológico Adjunto, Grupo Geobrugg.
Ricardo De Stefano. Ingeniero Civil, M. Sc. Gerente Regional para América Central y el Caribe, Grupo Geobrugg.
Daniela Fernández. Ingeniero Civil, Country Manager Geobrugg Costa Rica.

Sin lugar a duda, se puede afirmar que no hay región en la Tierra, que no se haya visto afectada en los últimos años por fenómenos de carácter natural, asociados a intensas lluvias, erupciones volcánicas, seísmos con sus secuelas, deslizamientos de tierra y rocas y movimientos masivos, tales como avalanchas de nieve, roca y lodo, inundaciones, licuefacción o maremotos (tsunami), etc. Dada la importancia de dichos desastres, la comunidad científica internacional, tiene la tarea aun no resuelta de conseguir unificar, de alguna forma, metodologías que permitan evaluar el riesgo, y con ello, intentar gestionar los recursos -en la mayoría de casos deficitarios-, para mitigar su acción. Como seres humanos, seguimos siendo reactivos por naturaleza, la proactividad se consigue a partir de la aplicación consensuada de técnicas y metodologías, sobre todo las encaminadas a la reducción de la vulnerabilidad y al incremento de la resiliencia, en los grupos sociales más afectados. El objetivo de esta contribución, es expresar cuáles, en nuestra opinión, son los son métodos más adecuados para la evaluación del riesgo, así como mostrar en que magnitud, los avances de las medidas estructurales que emplean tecnologías de última generación, pueden contribuir de forma activa en la tarea de mitigación del riesgo, cumpliendo el objetivo de proteger personas e infraestructuras.

1.Introducción a los movimientos en masa

El movimiento en masa de tierra y/o fragmentos rocosos, en respuesta a la atracción de la gravedad, o el hundimiento rápido o gradual de la superficie terrestre del suelo en una dirección predominantemente vertical, se refiere a una variedad de procesos mediante los cuales grandes masas de materiales corticales se mueven por gravedad de un lugar a otro. Más recientemente, el término movimiento de masas ha sido sustituido para incluir procesos de pérdida de masa y hundimiento de áreas confinadas de la superficie terrestre (figura 1).

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Figura 1. Descripción general de los diferentes movimientos de masa.

En general, los movimientos de masas en laderas y los causados por hundimiento son ocasionados por el agua, cada uno desempeña una función en la alteración de los accidentes geográficos. La variedad de movimientos masivos descendentes, refleja la diversidad de factores que los originan. Dichos factores incluyen: la erosión o la cubierta de derrubios en las laderas; el carácter y la estructura de las rocas, como las capas permeables resistentes propensas a deslizarse debido a rocas impermeables subyacentes; la eliminación de la cubierta vegetal; los aumentos artificiales o naturales; los terremotos, que afectan el equilibrio del talud; y el agua subterránea que fluye, ejerciendo presión sobre las partículas del suelo y afectando la estabilidad. Estos factores que afectan las condiciones de la ladera, se combinan con elementos climáticos como la precipitación y las heladas, produciendo movimientos descendentes. Los tipos de movimientos de masa causados por los factores anteriores incluyen: el movimiento abrupto y la caída libre de bloques sueltos de roca, conocidos como desprendimientos de rocas; varios tipos de movimiento de ladera casi imperceptible de partículas de suelo superficiales y desechos rocosos, llamados colectivamente fluencia; el deslizamiento sub-superficial del material rocoso, conocido como protuberancia: la multiplicidad de movimientos descendentes del lecho de roca y otros desechos causados por la separación de una sección de talud a lo largo de un plano de menor resistencia o superficie deslizante, denominados en conjunto derrumbes; la separación de una masa a lo largo de un escarpe de cabeza cóncava, descendiendo por una superficie curva de deslizamiento y acumulándose en el pie de la ladera, conocida como depresión; la saturación de derrubios y material erosionado por la lluvia en la sección superior de una pendiente o valle, lo que aumenta el peso de los desechos y causa un movimiento lento hacia abajo, llamado flujo de tierra; cuando se incrementa el contenido de agua de este flujo de se puede convertían en un flujo de lodos a flujos de detritos, en función del tipo de material de arrastre tierra o granos y el movimiento descendente de material superficial saturado con humedad, conocido como solifluxión, sobre el material de sustrato congelado, que se produce en las regiones sub-árticas durante los períodos estacionales de deshielo de la superficie (figura 2).

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Figura 2. Influencia del agua en la movilización de masas.

Los movimientos en los que el suelo se deprime son denominados hundimientos si ocurren de forma relativamente rápida, mientras los que ocurren de forma gradual se denominan asentamientos. El hundimiento implica un colapso del techo o una falla de una cavidad sub-superficial como una cueva. La erosión marina a veces causa el colapso del techo de las cuevas marinas. Las regiones de topografía cárstica exhibirán un hundimiento generalizado en forma de sumideros causados por el drenaje subterráneo. La descomposición química de rocas y minerales del subsuelo es también una causa de hundimiento. Otra forma de hundimiento es la depresión de paredes empinadas, conocida como un fregadero volcánico, formado después de la extracción del magma. El asentamiento gradual de las áreas confinadas se produce a través de la consolidación del suelo y la roca mediante la compresión o eliminación de los fluidos de los poros, y por colapso de la estructura del grano. Las estructuras hechas por el hombre también causan la carga, consolidación y asentamiento de la superficie. La consolidación también es causada por la disminución de la capa freática del suelo. La extracción de agua a presión o petróleo de las profundidades provocará un colapso de los espacios de poro y la consolidación del material rocoso. El colapso de la estructura del grano generalmente se produce por la humectación de materiales rocosos como arcillas y arenas. Los movimientos de masa son fenómenos de difícil tratamiento estadístico, como criterio general se asume que una zona puede activarse por causas naturales, al menos una vez cada 500 años (González Vallejo, 1990). En cualquier caso y posiblemente debido al cambio climático, la recurrencia de desastres ha aumentado de forma considerable en los últimos 30 años (Mora et al., 2001). Muchos países han sufrido las consecuencias de tales eventos, que constatan daños a la sociedad y al ambiente.

Tal y como explica la FAO en su Análisis de Sistemas de Gestión del Riesgo de Desastres (2009), estas pérdidas debidas a los desastres están aumentando alrededor del mundo debido a diversos factores, entre ellos:

  • eventos climáticos extremos más frecuentes, asociados con una creciente variabilidad y cambio climático;
  • sistemas de producción agrícola que aumentan el riesgo (por ejemplo, una fuerte dependencia en los cultivos de regadío que provocan el agotamiento y la salinización de la capa acuífera, pastoreo/ ganadería insostenible o producción de biocombustibles en tierras que inicialmente, y de manera más adecuada, estaban cubiertas de bosques);
  • crecimiento demográfico combinado con cambios y movimientos demográficos que conllevan, por ejemplo, a una urbanización no planificada, una creciente demanda de alimentos, bienes y servicios industriales; y
  • una creciente presión sobre los recursos naturales (y sobre explotación de los mismos).

Los niveles de vida más elevados y los estilos de vida más extravagantes en las naciones más prosperas también conllevan pérdidas económicas muy altas cuando se ven azotados por desastres. Si bien las mejoras en los sistemas de respuesta frente a emergencias salvarán vidas y propiedades, muchas de esas pérdidas pueden evitarse – o reducirse – si se establecen políticas y programas adecuados para abordar las causas originarias y se ponen en marcha mecanismos de mitigación, preparación y respuesta que estén efectivamente integrados en la planificación general del desarrollo. Como paso previo a la elaboración de estos programas políticas y programas, es necesario representar representan diversos grados de riesgo para el uso del suelo, las infraestructuras y la seguridad personal.

2.Factores que determinan el riesgo

Existe una falta de estandarización de los términos utilizados tales como: susceptibilidad, peligro, amenaza, vulnerabilidad, consecuencia o riesgo. Por ejemplo, el termino peligro es utilizado como sustantivo (por el público en general) y se refiere a una fuente de daño potencial, mientras que se emplea como adjetivo (uso científico) cuando se describe la probabilidad de que ocurra un daño. Los factores de riesgo a considerar en la gestión y mitigación de riesgos naturales (figura 3) son bien conocidos. Es evidente que la correcta evaluación del riesgo requiere el análisis de tres factores:

Riesgo = Peligro o Amenaza x Vulnerabilidad x Exposición

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Figura 3. Factores a considerar en la evaluación del riesgo (Masana et al, 2015).

Pero la mitigación puede centrarse independientemente sobre cada uno de ellos, por lo que, si uno de ellos es cero, el riesgo será nulo. Los términos más importantes son:

Riesgo: una medida de la probabilidad y la gravedad de un efecto adverso para la salud, la propiedad o el medio ambiente. El riesgo a menudo se estima por el producto de la probabilidad de ocurrencia de un fenómeno de determinada magnitud por las consecuencias. Previsión de daños personales y materiales en un determinado territorio y en un plazo de tiempo concreto (figura 4).

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Figura 4. Representación gráfica de la evaluación de del riesgo (Parry, 2018).

Peligro o Amenaza: condición potencial que expresa el alcance, la frecuencia e intensidad con la que se repite un determinado fenómeno natural con consecuencias no deseadas. La intensidad a su vez dependerá de su magnitud y velocidad. Expresa la probabilidad de que suceda un evento concreto y en un tiempo de terminado.

  • Susceptibilidad: está referida a la mayor o menor predisposición a que un evento suceda u ocurra sobre determinado ámbito geográfico (depende de los factores condicionantes y desencadenantes del fenómeno y su respectivo ámbito geográfico).
  • Factores condicionantes: Son parámetros propios del ámbito geográfico de estudio, el cual contribuye de manera favorable o no al desarrollo del fenómeno de origen natural (magnitud e intensidad), así como su distribución espacial.
  • Factores desencadenantes: Son parámetros que desencadenan eventos y/o sucesos asociados que pueden generar peligros en un ámbito geográfico específico. Por ejemplo: las lluvias generan deslizamiento de material suelto o meteorizado, los sismos de gran magnitud ocurridos en el mar (locales) ocasionan tsunamis, etc.

Vulnerabilidad: como la susceptibilidad de la población, la estructura física o las actividades socioeconómicas, de sufrir daños por acción de un peligro o amenaza. Los factores asociados a la vulnerabilidad son: exposición, fragilidad y resiliencia.

  • Exposición: Se refiere a las personas o bienes materiales potencialmente sometidos a un peligro natural, en función de su situación o proximidad.
  • Fragilidad: está referida a las condiciones de desventaja o debilidad relativa del ser humano y sus medios de vida frente a un peligro. En general, está centrada en las condiciones físicas de una comunidad o sociedad y es de origen interno, por ejemplo: formas de construcción, no seguimiento de normativa vigente sobre construcción y/o materiales, entre otros. A mayor fragilidad, mayor vulnerabilidad.
  • Resiliencia: Inicialmente aceptada como la capacidad humana para adaptarse positivamente a situaciones adversas, está referida al nivel de asimilación o capacidad de recuperación del ser humano y sus medios de vida frente a la ocurrencia de un peligro. Está asociada a condiciones sociales y de organización de la población. A mayor resiliencia, menor vulnerabilidad.

Tal y como se ha expresado, para la evaluación es necesario tener en cuenta los elementos en riesgo, su vulnerabilidad y para elementos móviles, su tiempo de exposición. Una reflexión sobre el tema del riesgo muestra claramente que en muchas ocasiones no es posible actuar sobre el peligro o amenaza, o en la práctica es muy difícil hacerlo; bajo este enfoque es factible comprender que para reducir el riesgo no habría otra alternativa que disminuir la vulnerabilidad de los elementos expuestos, esto tiene relación con la gestión prospectiva y correctiva.

A nivel mundial, existe un importante vacío en el desarrollo de herramientas de prevención y control del territorio por parte de las autoridades competentes, lo cual posiblemente podría explicar, en parte, el aumento de la frecuencia de eventos y de los daños ocasionados por los deslizamientos, tal como se ha mostrado anteriormente. Sin embargo, es evidente que, cada vez más, existe una preocupación por parte de diferentes administraciones y organismos, públicos o privados, en materia de riesgos naturales. El número de víctimas y daños ocasionados se ha incrementado en las últimas décadas y esto ha favorecido que las sociedades se sensibilicen ante este problema. No obstante, hay un largo camino por recorrer en cuanto a la reducción de los riesgos naturales, desde un mejor conocimiento de los procesos naturales, al desarrollo de mejores herramientas de evaluación y de previsión o la implantación de programas que contribuyan a minimizar los niveles de riesgo, así como la implantación de políticas adecuadas de ordenación del territorio, mejora de la legislación existente de manera que abarque todo el espectro de procesos naturales, etc.

3.Metodología general utilizada para la evaluación del riesgo

Existen diversos métodos para el análisis de riesgos debidos a amenazas naturales; sin embargo, todos plantean una metodología de evaluación que distingue Amenazas y Vulnerabilidades. Independientemente del enfoque, se requiere un inventario de eventos de alta calidad con datos sobre el tipo de deslizamiento, edad, volumen incluyendo incorporaciones y propagación. Entre los métodos que se utilizan están los que emplean análisis determinísticos, cualitativos y cuantitativos.

Métodos determinísticos: utilizan análisis mecánicos y modelos de estabilidad con base física para determinar el factor de seguridad de una ladera concreta. Son métodos muy fiables y precisos cuando se dispone de datos válidos sobre los parámetros de intentes de las laderas. Los métodos determinísticos son más adecuados para evaluar la inestabilidad en áreas pequeñas (una única ladera). Aunque estos métodos no son objeto de esta revisión, vale la pena mencionar el aporte realizado por Ucar Navarro, 2017, que explica la posibilidad de evaluar la estabilidad de taludes no por FS, sino por la probabilidad que tenga en producirse la superficie de falla.

Métodos directos: están basados en el mapeo geomorfológico, se realizan sobre un área donde se tiene información de la ocurrencia de deslizamiento o se tiene un inventario de este evento, el cual se trabaja con un mapeo directo basándose en la evaluación por un experto o comité de especialistas. También son reconocidos como métodos ‘cualitativos’.

Métodos indirectos: están basados en la interpretación GIS, evaluación de factores causales se basan en categorizar y ponderar los factores causantes de inestabilidad según la influencia esperada de estos en la generación de deslizamiento. Son métodos también conocidos como heurísticos, los resultados de los cuales se pueden extrapolar a zonas sin deslizamientos con una combinación de factor similar. Estos métodos también son denominados ‘cuantitativos’. Los métodos cuantitativos pueden aportar, cuando son aplicables, un grado de objetividad superior. Sin embargo, en ocasiones la escasez de datos dificulta en gran medida su aplicación consecuente. Además, para permitir una eficiente gestión del riesgo, es generalmente más importante identificar correctamente los factores que causan el riesgo y que influyen sobre su dinámica (es decir sobre su crecimiento o su reducción), tanto del lado de las amenazas como del lado de las vulnerabilidades, que disponer de datos “exactos” sobre los riesgos en sí.

3.1.Evaluación cualitativa de riesgos

La aplicación de métodos cualitativos para el análisis de riesgos implica el conocimiento preciso de las amenazas, de los elementos en riesgo y de sus vulnerabilidades, pero expresados de forma cualitativa (basados en la experiencia y observaciones de campo). Las probabilidades de los eventos peligrosos son estimaciones realizadas partiendo de la experiencia de los especialistas, las vulnerabilidades y el riesgo son determinados también de forma relativa.

3.1.1.Evaluación de amenazas

El principal objetivo de una evaluación de amenazas o de peligros, es predecir o pronosticar el comportamiento de los fenómenos naturales potencialmente dañinos o, en su defecto, tener una idea de la probabilidad de ocurrencia de dichos fenómenos para diferentes magnitudes. De esto modo, se logra una apreciación del riesgo que se correría en las zonas de influencia de las amenazas, si se utilizaría estas zonas para ciertos usos que implican niveles de vulnerabilidad alta (viviendas). La metodología de evaluación de amenazas conlleva etapas de trabajo de campo para las observaciones y mediciones, y otras de oficina para el procesamiento de la información y la elaboración de mapas e informes. Esta metodología plantea trabajar con la base topográfica existente (muchas veces a escala 1:50.000) para trasladar todas las observaciones y análisis de fenómenos peligrosos a planos.

En la actualidad, la matriz clasificación es variable dependiendo el país región (Masana M. et al., 2015), pero en general, sigue la siguiente descripción (tabla 1):

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Tabla 1: Matriz de Peligro.

Como resultado de la evaluación de amenazas o peligros, se pueden generar dos tipos de mapa (figura 5):

  • Mapas de inventario de fenómenos
  • Mapas indicativos de amenazas o peligros
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Figura 5. Ejemplo de mapa de inventario con la localización espacial de movimientos (Fernández, 2014).

Por economía o por escala, no siempre es posible realizar separadamente estos mapas, por lo que, en ocasiones, lo más asequible es levantar mapas-inventarios con indicaciones genéricas sobre el grado de amenaza y algunas pautas de gestión (entre ellas una propuesta de zonificación territorial). En cualquier caso, el empleo de SIG posibilita contar con una perspectiva de mejorar progresivamente la cartografía sin necesidad de iniciar cada vez nuevos trabajos de base.

3.1.2.Evaluación de vulnerabilidad

La vulnerabilidad es un elemento dinámico, que surge como consecuencia de la interacción de una serie de factores y características que convergen en un área particular. A la interacción de factores se le conoce como vulnerabilidad global (Figura 6) y puede dividirse en varios factores de vulnerabilidad, todos ellos relacionados entre sí: vulnerabilidad física; factores de vulnerabilidad económicos, sociales y ambientales. La vulnerabilidad física se refiere a la localización de asentamientos humanos en zonas de amenaza, como por ejemplo en las laderas de los volcanes, en las llanuras de inundación de los ríos, al borde de los cauces, en zonas de influencia de fallas geológicas, etc. La vulnerabilidad estructural se refiere a la falta de implementación de códigos de construcción y a las deficiencias estructurales de las viviendas, lo que conlleva a no absorber los efectos de los fenómenos naturales; la vulnerabilidad natural se refiere a aquella que es inherente e intrínseca a todo ser vivo, tan solo por el hecho de serlo. Los factores de vulnerabilidad económicos y sociales se expresan en los altos niveles de desempleo, insuficiencia de ingresos, poco acceso a la salud, educación y recreación de parte de la población; además en la debilidad de las instituciones y en la falta organización y compromiso político, al interior de la comunidad o sociedad. Se ha demostrado que los sectores más pobres son los más vulnerables frente a las amenazas naturales. Un análisis de vulnerabilidad es un proceso mediante el cual se determina el nivel de exposición y la predisposición a la pérdida de un elemento o grupo de elementos frente a una determinada amenaza o peligro. La vulnerabilidad al igual que la peligrosidad, puede ser definida en niveles (tabla 2): muy alta, alta, media y baja; también puede ser expresada como un porciento de elementos que pueden sufrir daño o destrucción (pérdida) sobre un total, aunque es difícil establecer una referencia de carácter absoluto. Los porcientos pueden ser establecidos en función de las características del área, del tipo de fenómeno, de la densidad y frecuencia de ocupación humana, densidad de construcciones, etc.

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Tabla 2: Matriz de Vulnerabilidad.

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Figura 6. Ejemplo de mapa de vulnerabilidad Distrito Chorrillos, Lima. (Masana et al, 2015).

3.1.3.Evaluación del riesgo

Para realizar análisis de riesgos, las evaluaciones de amenazas y vulnerabilidades son el primer paso. Las evaluaciones de riesgo pueden elaborarse a partir de una apreciación relativa del nivel de amenaza, de las indicaciones relativas a la vulnerabilidad global, y de la frecuencia de los fenómenos, mostrando una zonificación donde se indique el grado o nivel de amenaza y se le correlacione con el nivel de concentración de población y de inversiones o infraestructura, ver ejemplo de matriz de riesgo (tabla 3). En ocasiones, dependiendo de la región, los recursos existentes y la escala de trabajo, impiden la elaboración de un mapa de riesgo (figura 7) propiamente dicho; sin embargo, sí pueden elaborarse mapas indicativos de amenazas con calificaciones de riesgo relativo. En particular, se puede llamar la atención sobre la existencia de lugares de alto riesgo mediante la representación de sitios críticos.

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Tabla 3: Matriz de Riesgo.

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Figura 7. Ejemplo de mapa de riesgo Distrito Chorrillos, Lima (Masana et al, 2015).

3.2.Métodos indirectos, heurísticos o cuantitativos

El problema principal del mapeo indirecto es determinar la ponderación precisa (peso) de los diversos mapas de parámetros. Por lo general, el conocimiento de campo insuficiente, es uno de los puntos clave que limita el establecimiento de las ponderaciones de los factores, lo que lleva a generalizaciones. Los mapas producidos a partir del análisis estadístico son muy reproducibles ya que el peso se deriva de los atributos y no de los datos. Sin embargo, esto no es necesariamente más objetivo ya que la subjetividad está involucrada tanto en la recopilación de datos como en la selección de factores relevantes para el análisis. Depende de los conjuntos de datos apropiados que estén disponibles. Una aplicación más adecuada de los métodos de evaluación indirecta requiere la utilización de algún procedimiento que disminuya la subjetividad en la asignación de pesos o que normalice analíticamente el criterio con el que éstos se asignan a los diferentes factores condicionantes de deslizamientos considerados (Hervás et al, 2001).

3.2.1.Evaluación probabilística del riesgo

Uno de los métodos más conocidos es el “Modelo de determinación a priori de amenaza de deslizamientos en grandes áreas utilizando indicadores morfodinámicos”, que fue presentado por Sergio Mora Castro y Wilhelm-Gunther Vahrson, en julio de 1991. Este método ha sido difundido con mucho éxito en Centroamérica tras ser utilizado a nivel de Costa Rica, por el departamento de Geología, Instituto Costarricense de Electricidad, Escuela Centro Americana de Geología, Universidad de Costa Rica, Escuela de Ciencias Geográficas, Universidad Nacional de Heredia, Costa Rica (Herrera et al., 2007). Para determinar la amenaza de deslizamiento mediante este modelo (figura 8) se utiliza la siguiente expresión:

Ad = Susceptibilidad x Detonador

donde:

Ad: Amenaza de deslizamientos

Sp: Susceptibilidad de la pendiente (relieve)

Sl: Susceptibilidad litológica

Sh: Susceptibilidad relacionada con la humedad prevalente en el suelo

Ds: Detonador sísmico

Dp: Detonador precipitaciones

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Figura 8 Macrozonificación de amenaza de inestabilidad de ladera. Durango – Mazatlán (Mora, 2016).

Este modelo presenta información referente a la susceptibilidad, peligrosidad y riesgo de una zona o región, y dividen el territorio en zonas o unidades con diferentes grados de susceptibilidad o riesgo potencial. Estos métodos proponen la preparación de mapas temáticos de los factores condicionantes y desencadenantes y la sobreposición de capas con la finalidad de establecer los grados de susceptibilidad en función del peso asignado a cada uno de los factores.

Un ejemplo de evaluación del factor Sp relacionado con el relieve, se muestra en la figura 9. En este caso se emplea un filtro focal estadístico, los valores de cota z se evalúan para un caja- filtro de n x n píxeles, rodeado por una celda de un km2. A medida que el filtro pasa sobre cada celda, al centro se le asigna una función aritmética: Elevmax-ElevMin.

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Figura 9 Valores del Factor Sp Durango Mazatlán.

En la figura 10, se muestran los valores relacionado con las lluvias intensas Dp (Mora, 2016) utilizados en la evolución de la autovía Durando – Mazatlán en México.

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Figura 10 Valores del Factor Dp Durango Mazatlán.

Una vez se dispone de forma individual los resultados de la evaluación de todos los factores que intervienen y que de forma ejemplificada se han señalado dos, se procede a la superposición de los mismos en un mapa único, que muestra con resultados las áreas más o menos amenazadas. La citada metodología de evaluación, se ejecutó sobre la autopista mexicana de Durango-Mazatlán, el profesor Mora desarrolló dicha valoración completa, uno de los mapas resultantes de unos de los tramos, se muestra a continuación (figura 11).

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Figura 11 Valores del superpuestos Ad, tramo II, Durango Mazatlán.

Los resultados obtenidos, demuestran que los métodos indirectos son una eficiente herramienta para la identificación de áreas susceptibles a deslizamiento de laderas. Para que el modelo sea efectivo, es necesario considerar las características de la región de estudio y adecuar el modelo a las condiciones existentes. Los Sistemas de Información Geográfica constituyen la herramienta que permite relacionar y analizar las diversas variables que inciden en el fenómeno deslizamiento. Estas herramientas tienen un carácter extremadamente dinámico, la aplicación de las nuevas tecnologías permite, de una forma sostenible, poder valorar los posibles cambios en los factores influyentes de una forma periódica, en función de cuan variables sean los índices considerados y sobre todo del peso que, sobre la amenaza, cada uno de ellos ejerza. A continuación, un enfoque que relaciona la influencia del peso y la naturaleza de los factores (FODA), propuesto por en el Integral Risk Management of Extremely Rapid Mass Movements (Irasmos, 2009).

3.2.2.Prácticas de gestión de riesgos en los países IRASMOS

Los enfoques integrales son populares y se requieren no solo en la gestión del riesgo de peligros naturales, sino en todas las tareas de gestión que requieren lidiar con incertidumbres, con riesgos y con decisiones sobre el desarrollo futuro. Además, los principales criterios para los enfoques integrales son similares en todos los dominios. Por lo tanto, los requisitos para un enfoque integral de la gestión del riesgo de los peligros naturales se pueden definir de la siguiente manera:

  • Cada enfoque debe basarse en conceptos y métodos ya existentes y bien establecidos, como el concepto de riesgo o los estándares de gestión de riesgos, como la ISO.
  • Los procesos de gestión de riesgos deben estar claramente estructurados y los diferentes pasos de trabajo deben estar bien coordinados para apoyar operaciones efectivas, eficientes e integradoras.
  • El proceso de gestión de riesgos debe ser gestionado activamente, p. estableciendo el marco estratégico y definiendo los objetivos, organizando el proceso de decisión u observando y evaluando los resultados.
  • Se debe promover activamente el proceso de gestión de riesgos que debe integrarse en el entorno y la comunicación. Esto es de importancia fundamental, p. para la formación de opinión y para la toma de decisiones.
  • La gestión de riesgos es una tarea constante. Por lo tanto, debe organizarse de manera consistente y debe incluir pasos de revisión y mejora continua.

Sobre la base de estos requisitos y los enfoques existentes, se ha desarrollado un modelo para la gestión integral del riesgo de peligros naturales IRMAN (Figura 12).

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Figura 12. IRMAN – Gestión integral del riesgo de peligros naturales (Romang, 2008).

El IRMAN consta de tres niveles:

  • Primero, el proceso de gestión de riesgos se encuentra en el centro del modelo. Los términos análisis de riesgo, evaluación de riesgos, etc. se organizan y usan de la misma manera que hoy. Su colocación en un ciclo subraya, por un lado, el carácter interminable de la gestión de riesgos y, por otro, el hecho de que los diversos pasos se entrelazan y deben coordinarse bien.
  • En segundo lugar, el proceso de gestión de riesgos está rodeado por el nivel de gestión. Se pueden distinguir cuatro funciones directivas principales: 1) establecimiento de estrategias y objetivos, 2) preparación y toma de decisiones, 3) directiva para y control de la implementación y 4) revisión y mejora.
  • En tercer lugar, el proceso y su gestión están integrados en el entorno. Existen varios intercambios que están representados por la comunicación.

Con base en su diseño, IRMAN pretende dar un enfoque integral para la gestión de riesgos no solo a nivel de procesos, sino también conectando los diferentes niveles y grupos, como los gestores de riesgos, las partes interesadas y el público, todos desempeñando un papel importante en un enfoque integral. El análisis FODA es una herramienta de planificación estratégica utilizada para evaluar las fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas involucradas en un proyecto, en una empresa comercial o en cualquier otra situación que requiera una decisión. Permite relacionar las habilidades personales con las condiciones ambientales y formar estrategias. Si se hace correctamente, ofrece una “visión general” de los factores más importantes. Un análisis FODA es simple de entender, pero necesita tiempo para desarrollarse. Para un análisis exitoso, se deben prestar los siguientes aspectos:

  • Definir claramente el objetivo u objetivo. Si un análisis FODA no comienza con la definición de un estado u objetivo final deseado, corre el riesgo de ser simplemente un ejercicio (es decir, inútil). Los objetivos definidos deben ser SMART (específicos, mensurables, ambiciosos, realísticos y basados en el tiempo). Debe haber una clara diferenciación entre factores internos y externos. Las fortalezas y debilidades internas (F y D) son el resultado de las características de la organización examinada y pueden verse influidas a corto o al menos en el mediano plazo.
  • Las oportunidades y amenazas (O y A) son el resultado de condiciones externas, como la sociedad, el medio ambiente o el mercado, y solo pueden verse influidas a largo plazo. Los argumentos deben ser específicos y selectivos. Las áreas grises deben evitarse. Además, las fortalezas y debilidades se deben evaluar de manera realista. En particular, las fortalezas no deben sobreestimarse y las debilidades no deben ser ignoradas.

Un análisis FODA solo será exitoso cuando sea seguido por estrategias bien definidas e implementado utilizando medidas que estén en línea con el objetivo. Sin embargo, los análisis FODA solo incluyen las condiciones actuales a partir de las cuales se pueden derivar estrategias y acciones.

El FODA se empleó dentro de IRASMOS para recopilar los principales factores para la gestión del riesgo en talleres en los cinco países. Antes de que los talleres tuvieran lugar, se envió a los participantes un documento con información general sobre el método y los talleres para que pudieran prepararse. Durante los talleres, el FODA se recopiló y analizó de la siguiente manera:

La discusión comienza con los factores internos (F y D) y luego se consideran los factores externos. Como parte de una tormenta de cerebros, las palabras clave se anotan y luego se reorganizaron en una matriz (Figura 13).

A continuación, se identifican las combinaciones lógicas de FODA:

¿Qué fortalezas se ajustan a qué oportunidades (combinaciones de FO)?

¿Qué fortalezas se ajustan a qué amenazas (combinaciones FA)?

¿Qué debilidad se ajusta a qué oportunidades (combinaciones de DO)?

¿Qué debilidad encaja con qué amenazas (combinaciones de DA)?

Estas combinaciones podrían entonces escribirse con su descripción correspondiente los cuatro campos de estrategia.

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Figura 13. Matriz FODA.

Finalmente, sobre esa base se desarrollaron las opciones de estrategia, en las cuales básicamente cuatro tipos de estrategias están disponibles:

FO: usan fortalezas internas para beneficiarse de las oportunidades externas

DO: tienen como objetivo reducir las debilidades internas o aumentar las fortalezas para aprovechar las oportunidades

FA: utilizan fortalezas para reducir o eludir amenazas externas

DA: reducen las debilidades internas y evitan las amenazas

El desarrollo de las opciones de estrategia es la parte creativa del análisis FODA y las transiciones facilitan el desarrollo de la estrategia.

Un taller con representantes de las administraciones públicas y de las instituciones científicas suizas, se llevó a cabo el 22 de febrero de 2008 en Zúrich. El FODA resultante de esta reunión se muestra con ejemplo a continuación (Tabla 4).

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Tabla 4: Matriz FODA Suiza.

4.Medidas de prevención y reducción de desastres

La figura 14 muestra un esquema clásico de las posibles medidas de mitigación a aplicar para la reducción de los riesgos naturales (United Nations Disaster Relief Coordinator Office – UNDRO, 1991). Según se desprende del esquema, las posibles estrategias de mitigación han de ir encaminadas, por un lado, a evitar que aparezcan nuevos riesgos. (Fell et al, 2008). Eso se puede conseguir sobre todo a través de medidas preventivas de carácter no estructural (planes directores nacionales, regionales o locales, evaluaciones de impacto ambiental que incorporen análisis de riesgos, etc.), pero también mediante medidas estructurales que actúen sobre diferentes elementos (estructuras, edificios, etc.), para que su vulnerabilidad sea nula o, al menos, disminuya en gran medida (aplicación de norma sismorresistente, diques a prueba de inundaciones, etc.). Por otro lado, es necesario también reducir los riesgos existentes o actuar preventivamente para reducir la amenaza. Para ello, se puede acudir a medidas estructurales, bien actuando sobre la exposición y/o la vulnerabilidad (reubicación de edificios o poblaciones, reforzamiento de estructuras ya existentes), bien sobre la amenaza (laminación de avenidas, estabilización de laderas) y también a medidas no estructurales, como los planes de vigilancia, alerta, alarma y evacuación, unidos a campañas de información a la población, para reducir la vulnerabilidad de las personas (Bonachea, 2006).

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Figura 14. Medidas para la reducción de riesgos naturales (modificado de UNDRO, 1991).

Se reconocen, en general, como medidas de prevención y reducción del riesgo a aquellas que se realizan con anterioridad a la ocurrencia de desastres con el fin de evitar que dichos desastres se presenten y/o para disminuir sus efectos. Es decir, la reducción del riesgo es una acción antes del suceso.

Una planificación integral, significa que todas las posibles medidas reducen los riesgos según el ciclo de riesgo (figura 15) deben evaluarse y combinarse de forma óptima para alcanzar el nivel de seguridad previsto, respetando las condiciones generales tales como la conmensurabilidad económica, aceptabilidad social y compatibilidad ambiental. Como visión, esta definición es generalmente aplicable ya en esta etapa. Al planear medidas los diferentes criterios pueden tenerse en cuenta y pueden respetarse al menos en un contexto cualitativo nivel. En muchos casos, las combinaciones de diferentes medidas resultan ser las más efectivas y eficiente también. Típicamente, medidas estructurales (limitadas, por ejemplo, por razones financieras o de protección del paisaje), medidas organizativas para prepararse y actuar durante un evento que exceda el dimensionamiento de las medidas estructurales y la planificación del uso de la tierra como marco general están combinados. Sin embargo, la efectividad de tal combinación tiene que ser probada para cada caso individual. Pero los métodos para una evaluación exhaustiva y transparente aún están desarrollo. Hoy, la evaluación de las medidas se centra, por un lado, en la técnica aspectos tales como la viabilidad técnica o la efectividad en la reducción del riesgo y en la Por otro lado, en las consecuencias económicas directas, como los costos de construcción o el beneficio en la sensación de daño evitado. Además, en la mayoría de los casos las medidas preventivas son dominantes en el proceso de evaluación y también en lo que respecta al financiamiento. Por lo tanto, en el nivel de práctica implementación, sino también en el nivel de desarrollo metódico, la etapa de una verdadera integral la planificación y evaluación de medidas aún no se ha alcanzado.

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Figura 15: El ciclo de riesgo y posibles medidas para la mitigación de riesgos (PLANAT, 2004).

Medidas no estructurales: cualquier medida que no suponga una construcción física y que utiliza el conocimiento, las prácticas o los acuerdos existentes para reducir el riesgo y sus impactos, especialmente a través de políticas y leyes, una mayor concientización pública, la capacitación y la educación International Strategy for Disaster Reduction (ISRD, 2009). Estas medidas pueden ser activas o pasivas. Las activas son aquellas en las cuales se promueve la interacción directa con las personas, por ejemplo: la organización para atención de emergencias, el desarrollo y fortalecimiento institucional, la educación formal y capacitación, la información pública y campañas de difusión, la participación comunitaria y la gestión a nivel local. Las medidas no estructurales pasivas son aquellas más directamente relacionadas con la legislación y la planificación, como las siguientes: códigos y normas de construcción, reglamentación de usos del suelo y ordenamiento territorial, estímulos fiscales y financieros y promoción de seguros. Estas medidas no estructurales, no requieren de significativos recursos económicos y en consecuencia son muy propicias para contribuir con la reducción del riesgo en los países en desarrollo.

Medidas estructurales: representan una intervención física mediante el desarrollo o refuerzo de obras de ingeniería para reducir o evitar los posibles impactos de las amenazas para lograr de esa manera la resistencia y la resiliencia de las estructuras o de los sistemas, y de esa manera proteger a la población y sus bienes.

4.1.Medidas no estructurales

El objetivo de las medidas de control no estructurales, es dar respuesta proactiva al riesgo al que se ve expuesta una determinada jurisdicción. Las Autoridades determinarán y desarrollarán las medidas de control que aplican para cada uno de los eventos de riesgo identificados, dichas medidas de control son: evitar; prevenir el riesgo; reducir: disminuir la probabilidad y el impacto. Las medidas de control podrán ser actualizadas o reemplazadas si no son eficaces frente a los eventos de riesgo relacionados.

Las medidas preventivas no estructurales, consisten en una red de advertencia y respuesta inmediata a desastres, así como para evitar estado de crisis, se basa en intervenciones técnicas y logísticas que incluyen:

  • Monitoreo (estaciones meteorológicas, sismógrafos, entre otros).
  • Mapeo (imágenes satelitales, sistemas de información geográfica, etc.)
  • Comunicación del riesgo: alertas a la comunidad y sectores productivos en situación de riesgo.
  • Sistemas de alerta temprana: se basan en el monitoreo, uso de medios de comunicación, sirenas, etc. Se encargan de advertir a la población sobre la manifestación de determinados eventos y de coordinar labores de protección civil, incluyendo planes de evacuación.
  • Preparación: consiste en la capacidad de manejo del desastre antes de que este ocurra con el fin de proveer una efectiva y eficiente reacción (pronta y debida) para enfrentar el desastre. Ello incluye la previsión de albergues, instalaciones de primeros auxilios (fijas y móviles), equipos de limpieza, equipos de búsqueda y salvamento, entre otros.

Preparación y planes de emergencia

Cuando la información sobre eventos venideros está disponible, la intervención apropiada debe prepararse por adelantado. Los planes de preparación y emergencia, se usan para anticiparse el caso de emergencia. Incluyen medidas implementadas principalmente para reducir las consecuencias de los desastres naturales y consisten en varios elementos:

Evaluación del nivel de peligro: las actividades deben adaptarse a los diferentes niveles de peligro. Por lo tanto, la calidad y la frecuencia de la información sobre meteorología, sobre la actividad actual del proceso en el área de interés, etc., debería permitir detectar la variabilidad en el nivel de peligro. En muchos casos los municipios tienen la responsabilidad de realizar la evaluación de peligro diaria basada en criterios objetivos. Cuando se producen condiciones críticas y el riesgo aumenta, los especialistas deberían participar.

Identificación de áreas expuestas: la información básica de entrada para el plan de actividad debe ser el mapa de peligros o de riesgo. Con base en estos mapas, se identifican los elementos en riesgo, incluidos edificios, carreteras, infraestructuras y áreas utilizadas para la recreación. Para cada uno de estos elementos, deben definirse los niveles de riesgo aceptables cuando las acciones deben llevarse a cabo. Cuanto mayor sea la vulnerabilidad (por ejemplo, concentración de personas) el menor nivel de riesgo debe ser aceptado.

Plan de actividades detallado: las diferentes actividades para los diferentes niveles de peligro se deben describir con recomendaciones claras para los diferentes elementos en riesgo y con referencia a las zonas en el mapa de riesgos. El plan de actividad podría, por ejemplo, estructurarse definiendo listas de actividades para cada nivel de peligro.

Organización y responsabilidades: Existe una gran necesidad de descripciones detalladas de las responsabilidades para las diferentes acciones en el plan de actividades. Las personas incluidas en el plan deben cubrir todos los niveles de la comunidad e involucrar a todos los agentes responsables de la seguridad: Administración local, policía, bomberos, servicios sanitarios, representantes de los habitantes, del medioambiente o especialistas en información y difusión. El número de personas incluidas en la organización debe reflejar el nivel de riesgo y el tamaño de las áreas afectadas. Los planes también deben tener en cuenta si deben tratarse a escala local, regional o nacional.

Implementación y diseminación: la administración efectiva de preparación se basa en una integración completa de los planes en todos los niveles de participación gubernamental y no gubernamental. Las actividades en cada nivel (individual, grupal, comunitaria) afectan a los otros niveles y, por lo tanto, necesitan una planificación cuidadosa. También se deben incluir planes sobre cómo la información y la difusión de todas las decisiones al público y a los medios. En ocasiones la diseminación de la información, se descuida en la planificación, pero la experiencia demuestra que se debe dar alta prioridad a esta parte en la planificación.

Aplicación y mejoras: existe una gran necesidad de ejercicios regulares para garantizar que los planes funcionen de acuerdo con las intenciones. Tales ejercicios demostrarán deficiencias y la necesidad de mejoras en la planificación tanto en la actividad como en las partes de la organización.

Otros elementos de medidas no estructurales

La información a la población debe ser una actividad regular y no solo cubierta en emergencias. El beneficio es claro se puede contribuir en el incremento de la conciencia, la educación y la aceptación de las decisiones. Es importante no entrar en pánico, sino informar razonablemente y de acuerdo con la situación y el público. En algunos países como Francia, proporcionar información es un requisito legal, la ley de 1987 establece el derecho de la población a estar informada sobre peligros naturales previsibles y riesgos tecnológicos. Por lo tanto, el gobierno está obligado a proporcionar información a todos los interesados.

En los últimos años las leyes sobre riesgos naturales y tecnológicos, y compensación de daños, ha incrementado el nivel de información que debe transmitirse al público. Desde el punto de vista de un gestor de riesgos, la información siempre debe verse como una oportunidad, no como una imposición.

Educación específica

La educación para mejorar las competencias relacionadas con los procesos de observación control y mitigación de riesgos naturales puede ser relevante para muchas personas y propósitos:

  • Los especialistas que realizan evaluaciones de riesgos deben mejorar continuamente su capacidad para evaluar el riesgo adecuadamente;
  • Los empleados gubernamentales que se ocupan de los riesgos naturales deben conocer las necesidades y desafíos;
  • Los planificadores o proyectistas de uso del suelo deben tener conocimiento sobre los riesgos naturales para garantizar que los recursos naturales los riesgos se permiten adecuadamente en una etapa temprana en el proceso de planificación;
  • El personal técnico de los municipios responsables de las licencias de construcción debe tener información básica;
  • Los ingenieros / empresas consultoras deben conocer los elementos de riesgo para asegurarse de que son incluido en el proceso de proyecto y ejecución.

Sobre la base de un mejor conocimiento, todas las personas que conviven con riesgo pueden asumir una mayor responsabilidad propia, muestran el efecto reductor de riesgo de una mejor formación, pero también de un mejor equipamiento y bases de datos histórica de acontecimientos acaecidos. En general, la tensión psíquica relacionada con los desastres es alta, especialmente si se pierden vidas. Si hay preocupación económica, además esta tensión se empeorará. Las compañías de seguro, así como los fondos públicos y las donaciones privadas juegan un papel importante en la reducción de este riesgo económico.

4.2.Medidas estructurales

4.2.1.Medidas estructurales contra avalanchas de nieve

Las primeras medidas estructurales se han construido en las áreas de generación de cuencas conocidas de avalanchas (Irasmos, 2009). Hoy en día, la zona de generación-liberación sigue siendo un área principal de interés para la protección contra avalanchas: se debe evitar que la capa de nieve se deslice y forme la avalancha. Cuando una avalancha se ha producido (está a toda velocidad), apenas se pueden tomar medidas, además de evitar la trayectoria de la avalancha, p. por galerías y túneles. Por lo tanto, en segundo lugar, se aplican medidas estructurales en el área de transición inferior y en la zona de salida, donde las masas de nieve que ya se desaceleran pueden ralentizarse y detenerse o al menos desviarse a áreas menos vulnerables. La tabla 5 ofrece una visión general y una breve descripción de las diversas medidas contra las avalanchas de nieve que se utilizan actualmente en los países europeos montañosos.

Tabla 5: Medidas estructurales contra avalanchas de nieve.

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4.2.2.Medidas estructurales contra los flujos de derrubios

Las medidas estructurales contra flujos de derrubios se han aplicado en torrentes europeos durante siglos (Irasmos, 2009). No solo la gestión silvícola, sino también las obras de construcción, como presas de retención o deflectores, fueron importantes para proteger los asentamientos humanos desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, debido a la complejidad de los procesos en las cuencas torrenciales (por ejemplo, la interacción de los procesos de ladera y canal) y el conocimiento limitado sobre el mismo, los procesos peligrosos tienden a subestimarse y los desastres ocurren. Además, algunas medidas surtieron efectos secundarios no deseados. Por lo tanto, nuevos conceptos tuvieron que ser creados. En los últimos años, la implementación de diferentes estructuras funcionales adaptadas es lo último en tecnología. Debido a la variedad de procesos relacionados con los flujos de derrubios, existen varias medidas que se usan en los países montañosos para reducir los riesgos de este tipo de evento. Generalmente, las medidas estructurales en torrentes (tabla 6) se pueden aplicar a:

  • aumentar la estabilidad de las márgenes y disminuir los procesos de erosión en la cuenca;
  • consolidar y estabilizar el lecho del canal (evitar la erosión);
  • transformar los flujos de derrubios, separando el agua de los residuos sólidos;
  • reducir la velocidad del fluyo o de la descarga sólida en o cerca cono de deyección;
  • Asegurar el flujo desde el ápice al río principal sin inundar el abanico.

Tabla 6: Medidas estructurales contra flujos de derrubios.

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4.2.3.Medidas estructurales contra desprendimientos rocosos

Se tratarán las soluciones vinculadas a la protección contra la caída de piedras de los taludes rocosos fracturados, descubiertos durante las obras de excavación de la carretera y de los desprendimientos que se originan en lo alto de la ladera (Luis-Fonseca, 2010). En este epígrafe se hace un preámbulo a las soluciones tipo, productos o sistemas que tienen como objetivo fundamental interceptar o atenuar la velocidad de las rocas en su movimiento descendente ladera abajo. Se presenta con mucha frecuencia la situación en que la inestabilidad provoca desprendimientos de bloques rocosos en zonas que se encuentran muy distantes de la calzada pero que inevitablemente le alcanzan, tal es el caso de taludes muy altos y escarpados, producto de construcciones en emplazamientos que son prácticamente acantilados o cañones, donde no hay casi diferencia entre talud y ladera; es aquí donde resulta casi imposible estabilizar. Entonces no queda más salida que permitir que ocurran los desprendimientos, por supuesto, buscando las soluciones posibles para su contención y/o aminoramiento, pues los fragmentos que generalmente caen pueden llegar a alcanzar altas velocidades y energía cinética, lo cual hace el fenómeno sumamente peligroso y complejo de afrontar. En estos casos, los especialistas a cargo de tomar las medidas de protección se enfrentan, entre otros, con los siguientes problemas:

  • Dificultades en la predicción de las posibles zonas desde donde se originan los desprendimientos y las posibles trayectorias de los fragmentos.
  • Las dimensiones de la roca tipo, así como de la energía con que las mismas puedan llegar a la calzada o la zona donde se pretenden detener o frenar.
  • La influencia que pueda ejercer el material del que está compuesta la ladera (vegetación, tipos de rocas o suelo y topografía) sobre el que se produce el desprendimiento y que evidentemente influirá en la trayectoria velocidad de las rocas.

La eficiencia y durabilidad de las obras de protección en este caso, así como su economía, dependerán de la correspondencia y equilibrio entre el diseño adoptado y los parámetros que caracterizan los puntos arriba mencionados como dificultades. Debido a lo difícil de evaluar con certeza esta correspondencia, es en este tipo de obras donde se presentan el mayor número de fracasos.

La solución típica para estos casos ha ido variando y enriqueciéndose con los años. En principio se limitaban a cunetas al borde de la calzada o similares, que se han ido perfeccionando y combinando hasta lograr soluciones algo más eficientes, consistentes en la interposición de barreras o pantallas en la trayectoria de las rocas, que detengan las mismas antes de alcanzar el objeto en riesgo (tabla 7).

Tabla 7: Medidas estructurales contra desprendimiento de rocas.

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4.2.4.Medidas estructurales contra avalanchas de rocas

Existen pocas medidas contra las avalanchas de roca. La frecuencia de este riesgo es baja y, por lo tanto, no se ha priorizado la planificación de medidas de mitigación. Además, los mecanismos desencadenantes todavía no se han entendido por completo, lo que dificulta el conocimiento de cómo implementar mejor las medidas. El gran volumen y las grandes fuerzas involucradas en las avalanchas de roca hacen que sea bastante imposible implementar medidas físicas tradicionales utilizadas para caídas de rocas más pequeñas, p. anclajes, pernos de roca, redes y nervios de hormigón. Por lo tanto, las experiencias sobre las medidas para avalanchas de roca se basan principalmente en sistemas de monitoreo que incluyen la alerta temprana y la evacuación de las zonas en peligro. Solo dos posibles medidas físicas podrían ser relevantes para las avalanchas de roca:

Voladura: existen pocos ejemplos de avalanchas de roca iniciadas por explosivos. En el territorio de la antigua Unión Soviética, las avalanchas de roca se activaron artificialmente para formar represas para la generación de energía hidroeléctrica y la protección contra el flujo de escombros. Sin embargo, no existen ejemplos donde los explosivos se hayan utilizado con el objetivo principal de reducir el riesgo de avalanchas de roca. Debido a que las consecuencias de la operación de voladura son difícilmente predecibles y los volúmenes de roca involucrados son enormes, la voladura no parece ser recomendable.

Sistemas de drenaje: (drenaje de aguas subterráneas, desvío de aguas superficiales): muchas de las avalanchas de roca se desencadenan presumiblemente al acumularse la presión del agua hendida. Las medidas que reducen las posibilidades de que el agua se almacene en la masa rocosa inestable en tales casos mejorarán la estabilidad y reducirán el riesgo de avalancha de roca. Tales medidas son ampliamente utilizadas para los toboganes de roca más pequeños donde la geometría de las articulaciones afecta el agua el flujo es mejor conocido. Sin embargo, para avalanchas de roca grandes, tales medidas solo se han usado excepcionalmente. A diferencia de las avalanchas de nieve y los flujos de derrubios, las medidas estructurales no son factibles para gestionar avalanchas de roca. Los riesgos deben manejarse principalmente mediante medidas no estructurales.

4.3.Tolerancia del riesgo

La aplicación de medidas preventivas no garantiza una confiabilidad del 100% de que no se presenten consecuencias, razón por la cual el riesgo no puede eliminarse totalmente. Su valor por pequeño que sea, nunca será nulo; por lo tanto, siempre existe un límite hasta el cual se considera que el riesgo es controlable y a partir del cual no se justifica aplicar medidas preventivas. A todo valor que supere dicho límite se le cataloga como un riesgo incontrolable, y su diferencia con el mismo se le considera como un riesgo admisible o aceptable. Por ejemplo, las obras de ingeniería que se realizan para impedir o controlar ciertos fenómenos, siempre han sido diseñadas para soportar como máximo un evento cuya probabilidad de ocurrencia se considera lo suficientemente baja, con el fin de que la obra pueda ser efectiva en la gran mayoría de los casos, es decir para los eventos más frecuentes. Esto significa que pueden presentarse eventos poco probables que no podrían ser controlados y para los cuales resultaría injustificado realizar inversiones mayores.

Según la AGS (Australian Geomechanics Society), muchas veces los métodos cualitativos se emplean para la zonificación de susceptibilidad y en ocasiones, para la zonificación de riesgos. Cuando sea factible, es mejor utilizar métodos cuantitativos para determinar la susceptibilidad y la zonificación de los riesgos, esto implica cuantificar el peligro y el riesgo. Pero ello, no necesariamente acarrea un gran aumento en el coste en comparación con la zonificación cualitativa (Parry, 2018).

El enfoque cuantitativo permite: establecer comparaciones significativas entre áreas, evaluar la reducción del riesgo que propicia la medida de mitigación y propicia la evaluación de niveles defendibles de gasto en reducción de riesgos. El término ALARP, acrónimo del inglés “As Low As Reasonably Practicable”, (tan bajo como sea razonablemente factible), es un término común en la normativa británica en el campo de la seguridad laboral y en particular la seguridad de sistemas críticos. El principio ALARP es que el riesgo residual debe ser tan bajo como sea razonablemente factible (figura 16).

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Figura 16. Diagrama ALARP el riesgo al nivel razonablemente factible.

Para que un riesgo sea considerado ALARP debe ser posible demostrar que el coste de continuar reduciendo ese riesgo es desproporcionado en comparación con el beneficio que se obtendría. El principio ALARP se origina en el hecho de que para conseguir reducir el riesgo residual a cero sería necesario emplear recursos económicos, tiempo y esfuerzo infinitamente. ALARP no es una medida cuantitativa de beneficio contra perjuicio, sino una práctica de juicio para obtener un equilibrio entre riesgo y beneficio a la sociedad. Los límites se expresan en probabilidad anual media de fallecimiento (Ayala-Carcedo, F. et al, 2006), valores superiores a 10-4 como probabilidad anual media de fallecimiento son intolerables, mientras que el límite de la aceptabilidad se sitúa en el entorno de 10-6 como probabilidad anual media de fallecimiento.

5.Apuntes básicos sobre la realidad en la gestión

A nivel global, la carencia de vínculos entre la planificación del desarrollo, el uso del territorio y la gestión anticipada del riesgo, conforman un panorama no halagador que refuerza el círculo vicioso de los desastres. En los países en vías de desarrollo esta realidad es aún más aplastante, existen una serie de obstáculos que impiden que la gestión sea efectiva (Mora et al., 2001):

  • Debilidad institucional, ineficiencia e inadecuadas políticas públicas, legislación y normas, pobre sistemas de información, observación, vigilancia y alerta anticipada; insuficientes recursos financieros, humanos y de equipamiento.
  • Ausencia de un nexo conceptual entre las relaciones recíprocas de la actividad humana, que causa impactos ambientales negativos, con los fenómenos naturales que a su vez dañan las actividades humanas. Tampoco existe una visión clara acerca de la incorrecta utilización del espacio, la utilización insostenible de los recursos naturales, la inversión en infraestructura, actividades productivas y desarrollos urbanísticos en áreas expuestas a las amenazas naturales, lo cual invariablemente resulta en un efecto multiplicador de las catástrofes.
  • Baja calidad en las obras de infraestructura como consecuencia de la inexistencia o la no incorporación de normas y procedimientos de control de calidad, prevención y gestión ambiental dentro del ciclo de los proyectos: diseño, construcción, operación y mantenimiento.
  • Escasa preparación de la población para valorar y enfrentar las amenazas y las situaciones de desastres con una mentalidad preventiva. Esta situación se complica por la carencia de memoria histórica acerca de las causas y consecuencias de los desastres y la ausencia de opciones para los segmentos más pobres de la población, lo que los hace a su vez más vulnerables.
  • La centralización de las acciones, con poca participación del sector privado, la sociedad civil y los gobiernos locales, hace menos eficiente el proceso preventivo y la preparación y atención de desastres; además, las dificultades para consolidar la democracia y los problemas de gobernabilidad, limitan seriamente el desarrollo mancomunado de los procesos preventivos.
  • La prevención nunca ha sido parte del discurso ni del proceso electoral de los líderes políticos, al menos más allá de algunos esfuerzos aislados, de la retórica o de la oportunidad de figurar ante los medios de comunicación de masas como protagonistas de las acciones post-desastre. La prevención está lejos de ocupar un lugar seguro dentro de las políticas de gobierno y menos aún dentro de la política de Estado.
  • Existe una marcada incapacidad de la comunidad científica de transmitir adecuadamente y de manera convincente los resultados de sus investigaciones, las cual no logran convertirse en argumentos en favor de la prevención. Es por ello que no se captura ni cautiva la atención y mucho menos el compromiso de los tomadores de decisiones ni de la población. El flujo de información y los procesos educativos han sido muy ineficientes.
  • El crecimiento demográfico es acelerado; cerca de tres de cada cinco latinoamericanos vive en condiciones de pobreza y dos de cada cinco en la indigencia; imperan el desempleo o subempleo, la carencia de vivienda, el limitado acceso a los servicios básicos (educación, salud, agua, saneamiento) y no se encuentran vías adecuadas para desestimular el éxodo rural.
  • Los costos de los daños en la población de escasos ingresos son proporcionalmente mayores que los de otros segmentos socioeconómicos; en la mayoría de los casos pierden la totalidad de sus haberes y activos durante los desastres, ven reducido el acceso a los servicios básicos de salud, educación y transporte y al final terminan por internalizar la mayor proporción de las pérdidas.
  • No se ha comprendido adecuadamente, o se ha ignorado explícitamente hasta ahora, el verdadero impacto socioeconómico, financiero y ambiental de los desastres. Se sigue considerando a la prevención como un costo y no como una inversión, además de que se espera que de todas maneras los gobiernos amigos, los donantes y los organismos financieros internacionales contribuirán para atender las pérdidas. La visión de privatizar el costo de los desastres por medio de los seguros, todavía no logra encontrar su espacio dentro de la inversión.

En general el desafío para enfrentar los próximos años, es visualizar la prevención y el desarrollo sostenible, teniendo en cuenta las causas de la vulnerabilidad. El enfoque participativo y el fortalecimiento de los procesos de descentralización, deben concentrarse en los niveles municipales, el sector privado, la sociedad civil, la consolidación de la democracia, la gobernabilidad, la gestión del territorio y el ambiente. La capacidad para promover la inversión privada interna y externa, puede verse limitada por la ausencia de políticas claras y marcos regulatorios adecuados que tomen en cuenta la prevención y los beneficios económicos y sociales que se derivan de una gestión ambiental y de prevención de desastres. Cualquier estrategia a adoptar se debe concentrar en el apoyo de iniciativas en al menos cuatro áreas:

  • Fortalecimiento institucional en la gestión del riesgo;
  • Ordenamiento del territorio y manejo de cuencas
  • Apoyo a las iniciativas y acciones que relacionen la reducción de la causalidad social, política, económica y ambiental de los desastres, y
  • Actividades de investigación en ciencias de la tierra y los aspectos sociales, políticos, económicos y ambientales relacionados con las amenazas naturales y la vulnerabilidad.

Uno de los puntos clave es asegurar el nexo entre el compromiso político y la visión hacia el desarrollo sostenible. Para levantar la conciencia acerca de la reducción de los desastres, debe comenzarse por presentar la prevención como una inversión, no como un costo. 

6.Conclusiones

Conocer los factores que determinan el riesgo es la primera de la precisas a la hora de intentar realizar su evaluación. En múltiples ocasiones no es posible actuar sobre el peligro o amenaza, o en la práctica es muy difícil hacerlo; luego es fácil comprender que para reducir el riesgo no habría otra alternativa que disminuir la vulnerabilidad de los elementos expuestos, esto tiene relación con la gestión prospectiva y correctiva.

En relación con los métodos para realizar la evaluación del riesgo debe quedar claro que

los métodos cuantitativos pueden aportar, un grado de objetividad superior. Sin embargo,

los defensores de estos métodos argumentan que en ocasiones la escasez de datos dificulta su aplicación práctica. Además, para permitir una eficiente gestión del riesgo, es generalmente más importante identificar correctamente los factores que causan el riesgo y que influyen sobre su dinámica, tanto del lado de las amenazas como del lado de las vulnerabilidades, que disponer de datos más precisos sobre los riesgos en sí. Aun así, el peso del conocimiento y grado de espetes del evaluador o grupo de evaluadores, en muchas ocasiones impide estandarización y sostenibilidad.

Los mapas producidos a partir del análisis estadístico son muy reproducibles ya que el peso se deriva de los atributos y no de los datos. Sin embargo, esto no es necesariamente más objetivo ya que la subjetividad está involucrada tanto en la recopilación de datos como en la selección de factores relevantes para el análisis. Una aplicación más adecuada de los métodos de evaluación indirecta requiere la utilización de algún procedimiento que disminuya la subjetividad en la asignación de pesos o que normalice analíticamente el criterio con el que éstos se asignan a los diferentes factores condicionantes considerados.

La AGS recomienda que cuando sea factible, es mejor utilizar métodos cuantitativos para determinar la susceptibilidad y la zonificación de los riesgos, esto implica cuantificar el peligro y el riesgo. Pero ello, no necesariamente acarrea un gran aumento en el coste en comparación con la zonificación cualitativa. El enfoque cuantitativo permite: establecer comparaciones significativas entre áreas, evaluar la reducción del riesgo que propicia la medida de mitigación y propicia la evaluación de niveles defendibles de gasto en reducción de riesgos.

Las medidas de control no estructurales, no requieren de significativos recursos económicos y en consecuencia son muy propicias para contribuir con la reducción del riesgo, básicamente en los países en desarrollo. Sin embargo, el desarrollo de la tecnología en los últimos tiempos ha propiciado la aparición de medidas estructurales, de carácter preventivo cuyo coste ya está en correspondencia con las necesidades, el empleo de medidas prevención de forma proactiva sin duda contribuye a la reducción de la vulnerabilidad. En general los sistemas flexibles de control de movimientos en masa, compuestos de membranas de acero de alta resistencia desarrollados en los últimos años, sin duda son una contribución, más que eficiente al incremento de la seguridad.

La gestión del riesgo de los peligros naturales no es una batalla por sí solo. Colaboración incluyendo interdisciplinaria enfoques es una necesidad en la ciencia, sino también en la práctica. La información a la población debe ser una actividad regular y no solo cubierta en emergencias. El beneficio es claro se puede contribuir en el incremento de la conciencia, la educación y la aceptación de las decisiones. La colaboración internacional crece continuamente en importancia. El análisis FODA es una herramienta de gestión que ayuda a objetivas decisiones, además este enfoque muestra que la colaboración entre especialista de diferentes países es una fuente de beneficio que puede aprovecharse con un intercambio más intenso.

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