Economía circular y los prefabricados de hormigón

La economía circular en cuanto a los productos prefabricados de hormigón se refiere, deben ser diseñados pensando en su reutilización.

Los grandes retos de nuestro tiempo implican un cambio radical en nuestra manera de entender el mundo y nuestra relación con él. Uno de los principales es el relativo a la economía circular que surge como herramienta transformadora frente al tradicional sistema lineal, consumidor de recursos y generador de residuos, mediante un cambio profundo por el que se racionalice el uso de recursos reduciéndolos y sacándoles el máximo provecho a la vez que se minimizan los residuos tratando de reintroducirlos nuevamente en la cadena de valor.

Fuente: ANDECE

La construcción es en general una de las actividades más intensivas en cuanto a consumo de recursos (agua, energía, materias primas, etc.), uso del suelo o generación de residuos. Así lo reconoce el Plan Europeo de Economía circular y su traslación a nivel nacional con la Estrategia Española de economía circular.

La economía circular se debe afrontar fundamentalmente “atacando” alguna de las cuatro vías siguientes: la reutilización, la reparación, la refabricación y el reciclaje.

Aunque guarden relación y sinergias entre ellas, el reciclaje es realmente la única vía capaz de cerrar el ciclo, mientras que las otras tres vías están orientadas a alargar la vida útil de productos y siempre que sea posible deben priorizarse antes.

Potencial de los elementos prefabricados de hormigón atendiendo a su reutilización

La reutilización básicamente significa poner un producto que ha sido desechado de nuevo en uso, para comenzar una segunda vida, tercera, etc. Un ejemplo cercano sería el de una botella vacía que podría reutilizarse “n” veces. Aquí se impone un primer principio que regirá el diseño: estas botellas reutilizables deberán tener seguramente un diseño más robusto que aquellos recipientes diseñados para un solo uso y, por tanto, muy posiblemente impliquen mayores recursos para su fabricación. Incluso para su reutilización haya que transportarlos, limpiarlos, etc. consumiendo energía o agua.

En cuanto a los productos prefabricados de hormigón que se diseñen pensando en su reutilización, deben fabricarse con incluso mayor calidad a la reglamentaria y un diseño adecuado a los condicionantes que se prevean. Además, deben ser fáciles de mantener y reparar en caso necesario (esto lo dejaremos para la segunda entrega).

Un ejemplo de producto prefabricado de hormigón reutilizable es cualquier elemento para pavimentación (adoquines, baldosas o bordillos). La vida útil de un pavimento exterior puede rondar los 25 años, con un mantenimiento preventivo adecuado. Hemos ya comprobado en algún caso real cómo se aprovechan un elevado porcentaje de los mismos en zonas a rehabilitar y procedentes del solado anterior, al haberse mantenido íntegras sus características iniciales (resistencia mecánica, grado de deslizamiento, etc.) de forma que se reduce notablemente la necesidad de proveerse de nuevos productos, cumpliendo así una de las premisas básicas de la economía circular (se elimina la necesidad de extracción de nuevas materias primas, no hay consumo energético para transportarlas, etc.). Pero también en caso de haber sufrido un determinado desgaste, podrían ser susceptibles de reparar, refabricar o reciclar (de esto hablaremos en el resto de la serie).

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Crédito: Gentileza ANDECE

Un segundo ejemplo de posible reutilización es el de un panel prefabricado de hormigón empleado en la fachada de un edificio. Si bien la vida útil que establece la reglamentación actual es 50 años, podría plantearse aquí un empleo posterior como elementos de valla o cercado de fincas, donde quizás la estética y las prestaciones requeridas no serían tan importantes (simple función de delimitación) frente a las que tendría que desempeñar en el edificio (acústica, fuego, energética o impermeabilidad) durante su primer ciclo vital.

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Crédito: Gentileza ANDECE

Pero quizás el caso más ilustrativo de reutilización de producto prefabricado de hormigón son las barreras que se emplean de forma provisional para la delimitación de ciertos espacios, como por ejemplo zonas urbanas donde se quiera restringir el paso durante un determinado periodo, o el caso de carreteras cuando por razones de construcción debe redirigirse el tráfico mientras duren las obras. Es habitual que administraciones locales o empresas constructoras cuenten con un stock de barreras destinadas a ser reutilizadas constantemente en algunos de los supuestos anteriores.

Crédito: Gentileza ANDECE

Y en cuanto a nivel de sistemas constructivos completos, es indudable que la industrialización de edificios o infraestructuras es un extraordinario punto de partida para maximizar una posible reutilización posterior. El diseño de sistemas modulares es siempre más propicio para facilitar su desmontaje, transporte y reensamblaje en una nueva localización, ahorrando las enormes cantidades de recursos necesarios para construir un nuevo edificio o infraestructura.

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